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Comencemos por afirmar que es más cómodo, e incluso políticamente rentable (debido al ánimo de la población), apabullar al Gobernador Regional Reynaldo Hilbck (RH). No obstante, las cosas no son tan sencillas. En efecto, las reveladas ineficiencias en el manejo de las inundaciones de varias zonas de nuestra región, han evidenciado que una buena gestión se basa fundamentalmente en un buen trabajo en equipo, y eso es lo que aparentemente ha faltado en Piura.
Un gobernador regional intentando hasta la desesperación que no se inunde la ciudad, dando siempre la cara, mientras algunos de sus principales asesores, desbordados por las aguas y por el miedo, trataban de salvarse a costa de inundar el Bajo Piura. Todo esto revela un manejo poco cohesionado de la crisis.
En ese mismo sentido, otra autoridad cuya ausencia generaba la comprensible ira de la población era la el alcalde provincial, especialmente cuando el centro de la ciudad yacía bajo el agua. Precisamente, cuando más se requería de la estrecha coordinación entre instituciones y autoridades, cada uno estaba más pendiente de cautelar sus intereses. Esto viene desde las obras de prevención. Hoy se conoce que una buena parte de las obras de fortalecimientos de los diques del río Piura, fue adjudicada a una constructora (Transportes Viviana), que habría realizado un trabajo deficiente. La pregunta es entonces. ¿Quién otorgó la buena pro a esta empresa? Al parecer en las más altas esferas del propio gobierno regional (GR) estarían los más grandes enemigos de RH.
Insisto. No basta que la cabeza de una institución sea eficiente y moralmente íntegro. Necesita de un equipo (con las mismas cualidades) que lo secunde en su trabajo. Esto al parecer no ha sucedido en el GR. Contrariamente, hemos visto a más de un funcionario mediocre, y hasta en muchos casos corrupto.
Para entender mejor este fenómeno, remontemonos a la campaña electoral para el GR y para los municipios. En ésta, RH aparecía como una opción diferente. Con toda una trayectoria en el sector privado y en el sector público, se perfilaba como una opción que generaba buenas expectativas en la población. Sin embargo, presumiblemente lo que no tenía claro, eran las exorbitantes sumas que demandaba una campaña electoral.
Tampoco tenía claro que muchos de los aportantes que lo merodeaban, estaban lejos de apostar por un desarrollo de nuestra región. La mayor parte, implícita o explícitamente condicionaban su contribución. En la práctica, aprovechaban del arrastre electoral de RH, para asegurarse de los posteriores “agradecimientos” por sus aportes. Estábamos ante los oportunistas de siempre, con mucho dinero para aportar, pero también con muchos favores por pedir. Confrontado, RH, con la alternativa de ganar (con oportunistas incluidos), o perder las elecciones y ver morir sus sueños antes de nacer, optó por lo primero.
Quizá RH llegó a pensar, que podría desarticular la extensa maraña del GR, donde están sólidamente enraizados actitudes y prácticas cuyo único interés es obtener la mayor ganancia para sus bolsillos. Quizá pensó que era factible romper estos grupos de poder, y tomar el control en la gestión que iniciaba. Sin embargo, parte de la gente que llegaba con él no compartía estos mismos objetivos. No estaban dispuestos a neutralizar las prácticas ineptas y proclives a la corrupción. Más bien comenzaron a aprovecharse de algunas de éstas. No sucedió así por aquello de que poderoso caballero don dinero.
El rostro de derrota del presidente regional durante la noche de la inundación, denotaba que, además de su impotencia ante la destrucción de la naturaleza, también cierta decepción para con parte de su propia gente, por no ponerse la camiseta.
Por ello, quizá, una conclusión preliminar de este análisis es que no es suficiente que un líder se identifique con las necesidades de su pueblo. Es que este sentimiento, plasmado en esfuerzo y transparencia, sea compartido y trabajado por quienes lo secundan.
Sin embargo, lamentablemente en Piura, como en gran parte del país, se ha enquistado una cultura de la corrupción muy difícil de erradicar. Esto se constata, porque cambian las gestiones y los funcionarios, pero las prácticas continúan. La mejor oportunidad de hacerlo es al momento de comenzar a gobernar, durante la llamada primavera de una nueva gestión. No es nada fácil realizarlo y se necesita todo un conjunto de reformas, y sobre todo un equipo capaz y transparente, y con la disposición a ejecutarlas a cualquier precio. Ante esta situación es de desear que en el tiempo que le queda, el gobernador regional, haga una purga dentro de su propio entorno (comenzando con su asesor Bertini). Si lo hace de inmediato, posiblemente recuperará la confianza de buena parte de los piuranos…
#Billy Crisanto Seminario
#Piura – Perú

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