RECUPERACIÓN DE CLASES. FORMALISMO QUE ATENTA CONTRA ESTUDIANTES PIURANOS

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agosto, 2017

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Este lunes 17 de abril comienzan las clases en colegios de zonas de emergencia, como es el caso de Piura, suspendidas por los desastres producto de las lluvias. A estas alturas se ha perdido más de un mes, cronológicamente hablando, lo cual hace difícil la recalendarización, para cumplir con las horas mínimas, como vocean a los cuatro vientos las autoridades educativas. Esta situación se grafica mejor en aquellos colegios con Jornada Escolar Completa (JEC), especialmente en zonas rurales, que constituyen la propuesta del Minedu para mejorar la calidad educativa en el país.
Veamos. En estas IE, los estudiantes tardan un promedio de una hora en trasladarse al colegio, e igual tiempo en retornar a sus hogares. Por ello la jornada se inicia a las 8.00am y culmina a las 3.30pm. Esto significa casi 10 horas destinadas a la escuela. Si a esto agregamos más de 40 niños y jóvenes estudiando hacinadas en aulas con techos de calamina, en las horas en que arrecia el inclemente sol piurano, no hablamos precisamente de condiciones adecuadas para el aprendizaje.
Sin embargo, el calvario no termina ahí, muchas de estas instituciones educativas funcionan en poblados que carecen de los servicios de agua potable y desague, lo cual atenta contra la salud de los estudiantes. Ante estos graves problemas, muchos de carácter estructural (no está en manos del director solucionarlos), exigir a los estudiantes que asistan a clases también los sábados, por más que se haga con las más buenas intenciones, se convierte en un indirecto maltrato a su integridad. Considerando, además que se desconoce que la situación económica de estos muchachos los obliga a trabajar los fines de semana.
Esta es la realidad educativa que el Estado no toma en cuenta al momento de tomar las decisiones sobre el inicio del año escolar en nuestra región, declarada en emergencia. Habría que, respetuosamente, pedirle al Director de la DREP, y a los de las Ugeles que compartan las labores educativas, un solo día, con los niños y jóvenes de estas escuelas que no son precisamente excepcionales en el ámbito rural. Consecuente afrontar la emergencia educativa desde el criterio cuantitativo de cumplir a como de lugar el número de horas, es a todas luces contraproducente. No se considera que está comprobado hasta la saciedad que la calidad de los aprendizajes se relaciona directamente con el grado de motivación de estudiantes y de maestros.
Las soluciones, para ser congruentes con una situación de emergencia, deben también ser de emergencia, sin que esto signifique una falta de compromiso con los más necesitados. Para ello insistimos en plantear un CURRÍCULO DE EMERGENCIA, donde se programe y calendarice, precisamente, un periodo lectivo que responda a las exigencias, desafíos y lecciones que nos ha dejado este duro periodo lluvioso. Esto significa apuntar fundamentalmente a formar mentalidades y actitudes con una cultura preventiva como centro. Consecuentemente deben reajustarse elementos claves, como por ejemplo, los compromisos de gestión, los cuales deben supeditarse al gran compromiso que debe ser el de la PREVENCIÓN DE DESASTRES NATURALES. A partir de este gran eje podemos estructurar las competencias, capacidades e indicadores a esperar en nuestros estudiantes en los diferentes grados y áreas. Está por descontado que el soporte emocional debe ser uno de los pilares y desafíos a lograr en nuestros estudiantes y en los demás actores educativos. Si nuestras decisiones con congruentes con aquello de que el centro del sistema educativo, son nuestros estudiantes y sus aprendizajes, entonces, en lugar de atosigarlos con horas y horas de permanencia en aulas hacinadas con un calor abrazador, debemos buscar soluciones más creativas y eficaces, y sobre todo que garanticen la integridad de nuestros niños y jóvenes piuranos.
#Billy Crisanto Seminario
#Piura – Perú

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