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Piura

Gritos de una mujer, groserías de un hombre encolerizado y el llanto de un niño es lo que se escucha al otro lado de la calle. ”Te dije que te calles”. “¿Por qué saliste sin mi permiso?”. ”Mujer tenías que ser”. ”Inútil”. ”Fea”. ”Estúpida”. Y entre cada frase hiriente un golpe: un puñete en la cara, un codazo en el vientre, una patada en la cabeza, un cuchillazo en el brazo. Por cada lágrima un golpe más fuerte, más intenso, menos soportable.

Estás pasmada por lo que escuchas, inevitablemente te asustas, te indignas, compartes su dolor y también lloras. Con desesperación buscas el número de la comisaría más cercana. “Pueden venir por favor, un maldito va a matar a su mujer a golpes”. Das la dirección, y en pocos minutos, las sirenas de un patrullero iluminan toda la cuadra, y cinco policías intervienen en la situación. Otra vez el mismo panorama que presencias cada fin de mes en esa misma casa de la esquina: una mujer ensangrentada con la mirada baja, un hombre enmarrocado con litros de alcohol en la sangre incapaz de mantenerse en pie por sí solo, y un niño que a sus tres años es obligado a ser testigo de la furia de su padre y la sumisión de su madre.

Los vecinos se aglomeran y comentan que a la próxima vez Don Marco asesinará a su esposa. Se preguntan por qué ella nunca lo ha denunciado, por qué soporta tanta violencia, por qué días después de vivir episodios similares se le ve caminando sonriente y abrazada al lado de su agresor. “Le gusta el golpe”,dicen.

Ella no murió, y tampoco le gusta el golpe, pero existe una gran probabilidad de que su caso se convierta en uno más de feminicidio.

El martes 11 de setiembre del 2012, Ruth Sayas, una joven estudiante de contabilidad, fue emborrachada, drogada, asesinada y enterrada en un corralón de Huarochirí por su expareja Bryan Romero. “La drogué y maté a golpes”[sic] confesó él, justificándose en la humillación que sintió cuando Ruth apareció en un espacio televisivo confesando ante todo el país que le había sido infiel.

“Estaba con cólera, saqué la chaira y en ese momento me bloqueé totalmente. Cuando me di cuenta, la punta del cuchillo ya estaba en su cuello (de la menor). Me desesperé y ella me dijo: ¡Ayúdame!”[sic]. La confesión de Alexi Pacasi Vargas sólo puede calificarse como escalofriante. La noche del 19 de noviembre del 2013 asesinó a su expareja Karla Vanessa Z.S. de 17 años degollándola porque ella no quería retomar la relación.

El 10 de julio de este año, Cindy Katherine, fue acuchillada por su conviviente Jesús Manuel Zapata Viera en el distrito de Bellavista de la provincia de Sullana, dejándola al borde de la muerte. Ella nunca imaginó que mientras disfrutaba de una fiesta infantil con sus hijos de 1 y 6 años, Manuel la sacaría a empujones y de los cabellos “porque no le había pedido permiso”. Minutos después la golpearía con salvajismo e incrustaría un cuchillo de cocina en su estómago. Afortunadamente Cindy pudo sobrevivir a la agresión.

Hace pocos días, el 16 de noviembre, Norma Guillermina Yovera Chero, de 22 años fue hallada agonizando cerca del río Piura. Su cuerpo no soportó las violaciones ni las 32 apuñaladas, que según investigaciones, le habría provocado su ex pareja William Anastasio Mori, de quien se separó precisamente por problemas de violencia y constantes amenazas de muerte.

Ruth, Karla, Cindy y Norma son cuatro víctimas de hombres que desde pequeños han sido educados en una sociedad machista, donde se les enseña a ejercer poder y autoridad sobre la mujer, considerándola como un ser inferior, de su propiedad y un objeto sexual. Una sociedad machista que le da cabida a un delito que cada día cobra más vidas: EL FEMINICIDIO.

¿En qué consiste este delito?. De acuerdo con la definición de Diana Russell, activista y escritora feminista, el feminicidio se aplica a todas las formas de asesinato sexista, es decir, “los asesinatos realizados por varones motivados por un sentido de tener derecho a ello o superioridad sobre las mujeres, por placer o deseos sádicos hacía ellas, o por la suposición de propiedad sobre las mujeres”.

¿Más claro?. Liz Meléndez, Directora del Centro de la Mujer Peruana “Flora Tristán”, define al feminicidio como un crimen de género, realizado por agresores cuya intención es dominar, ejercer control y negar la autoafirmación de las mujeres como sujeto de derechos, a través del uso de la violencia.

En pocas palabras, el feminicidio es el acto de matar a una mujer sólo por el hecho de serlo. Sin duda alguna, es una de las formas más inhumanas de violencia contra las mujeres.

En el Perú, las estadísticas relacionadas con este delito son alarmantes. En los últimos ocho años, solo entre enero de 2009 y julio de 2017 se han registrado 1,001 casos de feminicidios. En cuanto a los casos atendidos por violencia en los 245 CEM(Centros Emergencia Mujer) del Ministerio de la Mujer, en enero del 2017 se han reportado 6 mil 737 casos.

Ante esta problemática, el pasado 25 de noviembre, se realizó la marcha “NI UNA MENOS” en el marco del Día Internacional contra la violencia a la mujer con la finalidad de concientizar a la ciudadanía ante el alarmante aumento de los índices de violencia hacia la mujer en el Perú. Es así que diversas ciudades del país se sumaron a este multitudinario evento que congregó a miles de peruanos.

Es importante resaltar que acabar con el feminicidio es responsabilidad de todos, evitar más asesinatos de mujeres es una tarea que le compete no sólo a las autoridades, sino también a los ciudadanos. Desde el hogar, educar, concientizar, forjar el valor del respeto y la igualdad entre los niños y niñas, hará de ellos adultos menos agresivos.

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