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Piura

Trato de analizar con cabeza fría el indulto a Fujimori y no puedo soslayar a los diez congresistas fujimoristas, que recibieron la llamada del propio AFF para frenar la vacancia. Y es que objetivamente, sin estas abstenciones PPK ya no sería presidente. Si además consideramos la difusión, justamente durante el debate, de un informe médico que recomendaba el indulto, todo indica la prominencia de un canje de vacancia por indulto.
Entonces muchos se sienten hoy burlados, comenzando por su defensor Alberto Borea Odria. En efecto, mientras él realizaba una brillante y honesta defensa del presidente, los operadores políticos de PPK y de AFF (que sí tiene más poder que Kenji), se aseguraban de que el pacto bajo la mesa funcione.
Y aquí entramos a una separación de lo que significa legalidad y legitimidad. De acuerdo a nuestra Constitución, el indulto es una prerrogativa presidencial casi monárquica. Sin embargo, el mandatario que lo concede (PPK) no debe soslayar una realidad política donde las adhesiones que logró congregar se disuelven, mientras la desesperación por quedarse en el poder lo lleva a caer en una detestable perfidia. Y esto es precisamente lo que le quita legitimidad a una decisión que puede estar enmarcada dentro de la ley.
Siendo así las cosas en el presente inmediato, las que se ven venir pueden ser aún más nefastas. Un presidente de quien sus propios congresistas se desmarcan, y carente de convicciones democráticas, puede convertirse en rehén del fujimorismo, generando una mayor polarización y una grave crisis política. Consecuentemente, quizá la única salida que le queda a PPK es encontrar a una figura nacional como Premier, a quien le delegue prácticamente casi todos los poderes; y quien a su vez congregue a un grupo de notables como ministros.
Vistas así las cosas. Con una realidad política terrenal tan complicada y precaria, sólo nos queda esperar el milagro navideño de que el propio Dios nos dé una manito para no seguir cayendo en el precipicio…

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