La idea general del Perú a 200 años de la Proclamación de nuestra Independencia

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Ahora, que está de moda hablar y escribir sobre el Bicentenario de la Proclamación de nuestra Independencia, todos quisieran expresar sus más entrañables sentimientos de amor por el Perú, pero en el fondo de nuestro corazón puede surgir la pregunta ¿Cuál es la idea general que yo tengo del Perú? La respuesta la dieron los peruanos de hace muchos años cuando en el Mercurio Peruano, se publicó uno de los más importantes artículos escrito por Hipólito Unanue y Pavón, científico y padre de la medicina en el Perú, donde daba a conocer cómo era el Perú y cómo quería que lo vieran desde el extranjero. Mucha información se había recogido de los viajeros, de los estudiosos y de las personas interesadas en conocer más el territorio, las costumbres, las fiestas, las prácticas religiosas, pero Unanue marcó un hito fundamental al adentrarse al conocimiento del Perú, a través de su clima, especialmente, del limeño y a partir de allí realizar muchas deducciones respecto a la salud ambiental, enfermedades, contaminación del agua, etc.

Nosotros, también estamos llamados a conocer nuestro país, especialmente, porque nos exige el deber por ser peruanos. Qué distinta sería nuestra existencia si como peruanos, estuviésemos informados conscientemente de cómo reacciona nuestro territorio cuando hay fenómenos naturales como el fenómeno del El Niño, las sequías, las inundaciones, etc., que arremeten contra las ciudades, pueblos y campos de cultivos y se pierden porque nuestras autoridades no previeron y no hicieron nada por prepararnos para estas eventualidades y que dejan en el camino muchas muertes y desgracia.

Qué diferente sería nuestra vida si como peruanos conociéramos cuáles son nuestras debilidades y fortalezas e identificáramos nuestras amenazas y oportunidades. Qué distinto sería, si no tomásemos el turismo como mera visita y diversión, sino como fuente de conocimiento de nuestro querido país y valoración del legado de nuestros antepasados porque, a pesar del tiempo en que vivieron, sí pudieron lidiar contra la naturaleza, sí pudieron hacer que las aguas de las torrenciales lluvias discurriesen sin afectar las viviendas y malograr las calles. Ellos, sí pudieron encausar las aguas de los ríos y almacenar agua con apenas conocimientos básicos, pero con una gran sabiduría natural que les permitió resguardar la vida de los pobladores y evitar las tragedias que hoy vivimos y que nos deja como mudos espectadores de la ineficiencia de las autoridades y de las decisiones inoportunas ante los desafíos que la naturaleza nos presenta.

Si conociéramos verdaderamente nuestros climas por los tipos de territorios que tenemos, podríamos muy bien determinar el estilo de vida que las personas deben tener para cuidar su salud. Si conociéramos las necesidades urgentes que aquejan a nuestros pueblos, especialmente a los que se encuentran en zona de riesgo, a los más vulnerables o las necesidades de los pueblos de las fronteras a los que no llegan las políticas del gobierno, otros aires respiraríamos.

Si los peruanos, no solo nos dedicásemos a dar a conocer al Perú como un país megadiverso, rico en minerales, en especies marinas, en suelos para la agricultura, en gastronomía y en fiestas populares y religiosas, rico en monumentos arquitectónicos, en música y danzas exóticas, etc., sino que nos dedicásemos a conocer nuestro corazón,  deseos y capacidades para lograr siempre lo bueno para el bienestar de todos los peruanos, entonces podríamos pensar que nuestro futuro va a ser distinto porque cada uno sería capaz de reconocer cuáles son sus intenciones para con el Perú, sus apetencias y los proyectos que el país necesita que se ejecuten con urgencia porque los peruanos ya no podemos esperar más.

Si como peruanos conscientes y amantes de nuestro país, nos detuviésemos a pensar y mirar al futuro cercano, podríamos decidir qué queremos en estos tiempos de pandemia, qué podemos mejorar, qué debemos hacer y cómo podemos salir de esta crisis que nos agobia en todos los aspectos de nuestra vida y que nos exige buscar nuevos horizontes que nos haga vivir al cien por ciento una vida de esperanza, en que unidos sí podemos salir adelante, sí podemos vencer a los enemigos del país, sí podemos cambiar nuestros egoísmos por pasiones que nos lleven a luchar por un futuro próspero, sano, y trascendente que haga de cada peruano un ser capaz de sentir cada día más amor por el Perú.

Solamente, si fuésemos capaces de volver nuestra mirada al Creador, podríamos reconocer cuántos dones y regalos hemos recibido. En primer lugar, la vida y, en segundo lugar la naturaleza completa para gozar de todo lo que nos ofrece sin pagar nada a cambio. Si pudiésemos sentirnos criaturas capaces de amar con todo el corazón y la inteligencia, otra sería nuestra vida en el país. Sí, pensásemos y sintiéramos que el Perú nos necesita, estoy segura que nos arrancaríamos las cadenas de la ingratitud, de la corrupción, de la venganza política, de la delincuencia, del oportunismo y de la demagogia, así como nos arrancamos las cadenas que nos ataban a la corona española y logramos la tan ansiada independencia, hace un poco menos de doscientos años.

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