¿ESCLAVITUD EN PLENO SIGLO XXI?

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POR MGTR. CÉSAR AGUIRRE CHÁVEZ.
La Real Academia Española define la esclavitud como la situación de una persona que carece de derechos permanentemente, especialmente los fundamentales de igualdad y libertad, por ejercer un tercero sobre ella todos o algunos de los atributos del derecho a la propiedad, reduciéndola a condición de objeto. Lo que vienen viviendo nuestros hermanos trabajadores de las diferentes empresas agroexportadoras, por citar un ejemplo, encaja muy bien en este concepto que creíamos había sido abolido allá por 1854 por el entonces presidente del Perú Ramón Castilla.
¿Entonces hablamos de una esclavitud moderna? Sí, ya que en la actualidad una persona es obligada a trabajar en condiciones infrahumanas sin que pueda negarse debido a la coerción, las amenazas o el abuso de poder, entre otros. Esto sin tenerse en cuenta las condiciones laborales en las cuales se encuentre el trabajador. Así, por ejemplo, vemos que la mayoría de trabajadores de las empresas agroexportadoras, incluyendo por supuesto las de nuestra región, maltratan y abusan de nuestros paisanos. Trabajar más de 12 horas al día, en horario deplorable de 4 de la mañana a 7 de la noche; trasladarse en condiciones poco seguras a su centro de labores (movilidad de segundo y hasta tercer cuya estructura se cae a pedazos, así como la falta de cumplimiento de los protocolos de seguridad frente a la pandemia). El salario, es otro punto de discusión. Según refieren la mayoría está en el sueldo base de S/36.00 a S/39.00 soles diarios. ¡Increíble!
En las últimas supervisiones a los fundos en la pandemia se demostró que obligaban a los trabajadores prestarse las mascarillas, para que la empresa no sea sancionada. En la inspección, llamaba también la atención ver botellas de plásticos con orinas en grandes cantidades a lo que los propios trabajadores dijeron que era porque no pueden ir a los servicios higiénico pues tienen que cumplir la tarea y se ven obligados a esta mala práctica.
Este es el trabajo forzoso del que habla Diego Sanz, en su artículo de 7 ejemplos de esclavitud moderna, indicando que las personas se ven obligadas a trabajar por la fuerza por organizaciones, gobiernos o individuos en diferentes contextos como campos de concentración, explotaciones agrícolas, fábricas, barcos pescantes…
Además, hay que considerar que la esclavitud moderna genera más de 13.000 millones de dólares de ganancias anuales a las grandes empresas, por eso es lógico que quieran mantenerla oculta. Muchos de los trabajadores explotados que forman parte de esta nueva esclavitud vienen siendo engañados con falsas promesas de buena educación y mejor salario en un futuro: cosas que nunca llegan, y para cuando la víctima es consciente de lo que sucede, ya está demasiado sumergida en deudas, lo que facilita el circulo de la explotación y los abusos. “No renuncio a ese trabajo forzoso porque me quedo en el aire”, es lo que la mayoría de personas piensa. La situación se torna aún más complicada con aquellos que tienen una familia que mantener y sacar adelante.
Como ciudadanos tenemos el deber moral de, en primer lugar, aceptar que este es un fenómeno real y que está más cerca de lo que nosotros pensamos. Por ello, debemos tomar acciones positivas (marchas pacíficas) para generar cambios. El respeto a nuestros derechos laborales si bien es cierto inicia con la aceptación de las condiciones laborales que cada uno realiza, también es hora de que el Estado peruano los haga prevalecer y regule el mal actuar de las empresas, que en su mayoría son extrajeras. Otra medida que propongo es dejar de comprar los productos y servicios que ellos ofrecen, esto en señal de rechazo a su poca consideración a los trabajadores de los diferentes sectores (agrícola, comercial, hotelero, etc). No seamos indiferentes y sumémonos a esta noble causa. Hoy por ellos, mañana quien sabe por alguno de nosotros…
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