En momentos como el actual, donde la pandemia genera mucha incertidumbre e incluso angustia; es oportuno recordar o replantear algunos conceptos sobre liderazgo y profesionalismo…
Y es que muchos pueden llegar a ser jefes o autoridades, pero pocos rigen sus acciones por el profesionalismo. Éste (el profesionalismo) tiene poco que ver con técnica o tecnología. Tampoco tiene que ver con el cumplimiento cuadriculado de las normas. También guarda la suficiente distancia de la indigna sumisión o incondicionalidad. Eso es para mediocres…
El profesionalismo tiene mucho más que ver con inteligencia emocional, y en la práctica es la forma o el estilo cómo nos relacionamos con nuestro entorno laboral. Sucede que a veces nuestro trabajo nos apasiona al punto de hacernos perder el control frente a los reveses y confrontaciones. Otras veces , y contrariamente, la apatía y la estrechez emocional se apodera de nosotros convirtiendo nuestro ambiente laboral en un ente muerto, cuando no hostil…
En ambos extremos, baja ostensiblemente nuestra capacidad para generar motivación a superarnos, y para solucionar situaciones adversas, lo cual repercute en la performance de nuestra empresa o institución.
El ideal de todo grupo humano de carácter empresarial es que se convierta en la unión de talentos dentro de un clima de entusiasmo y colaboración. Sin embargo, somos tremendamente precarios en lo que respecta a la gestión de nuestras emociones. En esta especie de polaridad, o somos hiper susceptibles (engreidos es la palabra correcta) a las expresiones de los demás, surgiendo en nosotros desánimo, cuando no amargura o resentimiento. En otras ocasiones no cultivamos nuestra sensibilidad y nos tornamos en personas frías y distantes, totalmente mezquinos para las expresiones afectivas hacia los compañeros…
Quizá, ya que hemos citado algunos extremos, lo que llamamos profesionalismo sea una forma de equilibrio, de acuerdo las personas con las que interactuamos, y de acuerdo a las situaciones concretas. Los líderes conocen esta diversidad de temperamentos y caracteres, y por ello diera la impresión de que hacen sentir bien a todo el mundo. Sin embargo, esta plasticidad del líder para adaptarse a los demás y un poco actuar como a ellos les gusta, le puede hacer perder su propia esencia o naturaleza. Pero esto sucede cuando en un tejido laboral no se establecen relaciones de reciprocidad, en la cual todos anhelen (aunque a veces no lo consigan) hacer sentir bien a los demás (incluso al líder). Esto se torna difícil especialmente si los acuerdos o reglas de convivencia, antes que BUSCAR EL BIEN COMÚN, se convierten en rígidos mandatos a cumplir a pie juntillas…
Finalmente, y para ir concluyendo esta reflexión, el profesionalismo es mucho más escaso de encontrar que de mencionar. Exige madurez, exige mucha empatía (ponernos en el lugar del otro), y también mucha asertividad (decir las cosas con claridad, pero sin herir al otro), además de tolerancia y apertura. Sin embargo también exigen convicciones éticas, práctica de valores que rijan nuestros actos, porque la mejor forma de enseñar es con el ejemplo. Buscar y acercarnos a esta actitud de profesionalismo debe ser uno de los objetivos primordiales en todas las empresas e instituciones…
#Billy Crisanto Seminario
#Piura – Perú

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