El conservadurismo rancio e hipócrita no pierde un solo segundo para arremeter contra su principal rival, el Gobierno, aunque tenga que machacar miserablemente a las fuerzas del orden. Y son los mismos de siempre, los adalides del periodismo de la ultraderecha. Despacharse como indignados por la muerte de 13 jóvenes es la fachada de su hipocresía. Ya conocidos los hechos en los que dentro del local se encontraban una serie de elementos con antecedentes criminales, que es casi probable sean los que iniciaron la estampida, en otra situación y con un gobernante de su simpatía la indignación sería casi nula, un mutis total.
Lo de la madrugada del domingo es producto de nuestra cultura chicha con la cual afrontamos el día a día. Y, cuando digo «chicha» no hago ninguna distinción de carácter socio-economico, porque he sido testigo de como a todo nivel el desacato ha primado durante la cuarentena. Y, ya sabemos como y cuando nace esa cultura chicha, combi, informal, improvisada, o como quieran llamarla, y como la clase política de todo el país le ha sabido sacar provecho para beneficio propio.
No pretendo defender a este Gobierno, pero tampoco me voy a quedar callado cuando un grupo de sujetos nos quieren vender a diario la falsa imagen de que todos los males del país nacieron el 2011 o el 2016, porque ese es el primer paso a perennizar esa cultura transgresora que como círculo vicioso se sigue alimentando del divorcio de la clase política con la ciudadanía.

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