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Aprendiendo a volar

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Ser feliz en la vida no es una elección, es la vida misma. Esta felicidad es lo que nos motiva a decidir cuál es la profesión que elegiremos

Reconstrucción Nombre Femenino.

para trazarnos un itinerario que nos conlleve a concretar nuestro proyecto de vida o la construcción del edificio de la vida.

Esta belleza que se descubre ante nuestros ojos – motivación intrínseca- es el poder del arte, el poder que tienen las industrias culturales que nos ofrecen una explosión de alegrías y nos hacen creer que el cielo nace en la tierra y que todo lo que podamos imaginar puede hacerse realidad, esta emoción intensa acompañada de una fe inquebrantable en ver concretizadas nuestras metas y sueños, es el más bello regalo que nos pueden ofrecer las industrias culturales, quizá esté hablando de manera utópica pero soy periodista por vocación, por ello decidí ingresar a este paraíso terrenal. Y qué mejor que hacer lo que nos encanta y todavía con un sueldo. En esta oportunidad me voy a referir a cómo están vinculadas las industrias culturales con el cambio social, a través de un caso específico como es el de las industrias de artes escénicas en el Perú, con la obra dirigida por Paloma María Carpio Valdeavellano y Coralí Ormeño Michelena, denominada Reconstrucción Nombre Femenino, como parte del Plan Integral de la Autoridad para la Reconstrucción con Cambios (ARCC), que inició el gobierno peruano después del fenómeno del niño, el año 2017 y que debía culminar legalmente en diciembre de 2023, con la transferencia a la Autoridad Nacional de Infraestructura – ANIN, adscrita a la Presidencia del Consejo de Ministros- PCM, que empezaría a funcionar en su reemplazo este año 2024.

Para comprender al mundo de las artes y humanidades, es necesario conocer cómo aportan en la construcción de capacidades o funcionamientos para que las personas lleguen a su verdadera libertad, cultura, empoderamiento y por tal, a la felicidad.

Citaré en primer lugar a una de las filósofas contemporáneas. Martha Nussbaum, quien hace suyas las palabras de Jawaharlal Nehru y dice que debemos seguir trabajando para hacer nuestros sueños realidad e inculcar a los jóvenes la capacidad para concebirse como integrantes de una nación heterogénea en un mundo aún más heterogéneo y la capacidad de comprender la historia y las características de los grupos que habitan este planeta, solo así podremos llamarnos ciudadanos del mundo (Nussbaum, 2010). La filósofa resalta el papel de la educación y el pensamiento crítico para ser verdaderamente libres y poder acceder a oportunidades que nos conlleven al desarrollo humano. Nos propone el enfoque de capacidades. Señala que la auténtica riqueza o progreso de un país se puede plantear sí priorizamos la mirada en el bienestar que poseen los individuos de dicho estado, observando si existe justicia social, si todos y cada uno de los sujetos gozan de la mínima calidad de vida, si no se limitan a sobrevivir, sino que disfrutan de lo que podríamos llamar una vida decente (Nussbaum, 2012).

En ese orden de ideas, quiero presentar a la agrupación de teatro Tránsito – Vías de Comunicación Escénica, que se constituye como tal, en el año 2005, como un espacio de comunicación democrática que impulsa el cambio en la cultura de la sociedad. Esta agrupación es quien lidera Reconstrucción Nombre Femenino.

Este proyecto de artes escénicas, tiene como temática la violencia de género en el Perú. En la puesta en escena, cinco actrices utilizan el teatro como su mejor herramienta para demostrar la problemática por la que atraviesan las mujeres en el Perú. El proyecto teatral tuvo como objetivo revalorar el papel de las mujeres en nuestro país – entendiendo que el cambio no solo requiere reconstruir infraestructuras sino el espíritu del ser humano, su cultura, su alma- muy en especial de las mujeres indígenas o las que forman parte de la población vulnerable, como es el caso de las mujeres de la Provincia de Huamanga-Ayacucho e Iquitos. No obstante, tenemos población vulnerable en todo el Perú. En el caso del Departamento de Piura, el 50.2 % de mujeres sufre de violencia psicológica ya sea producida por su pareja o intrafamiliar según el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP, 2023).

Reconstrucción Nombre Femenino, propone trabajar por la igualdad de género y toma como referencia los conceptos que propone la feminista Katte Millet quien afirma que “lo personal es político” (Millet, 1969), quien define la política como un conjunto de estrategias destinadas a mantener un sistema de dominación. Katte trasladó el plano personal de las mujeres a la discusión pública; a partir de ello, las mujeres fueron conscientes de su situación, despertaron, y pudieron ver las diferencias en salarios con los varones que realizaban el mismo trabajo, así como, el acoso laboral. Luego, se fundaron y crearon centros para mujeres maltratadas, centros de defensa personal, para que las mujeres dejen de ser humilladas, subyugadas. No se puede negar el aporte del feminismo a la revaloración de la dignidad de las mujeres pero tampoco podemos ir a los radicalismos. La teoría que propone Katte, nos hace recordar el discurso oculto del que habla James Scott, donde el dominado debe sacrificar la verdad para lograr un objetivo, quizá estar al frente del poder sin mayores altibajos (Scott, 2000). Las mujeres muchas veces callan por temor, porque consideran que van a perder su sustento económico y se preguntan: ¿cómo mantendré a mis hijos? Y en silencio siguen soportando los maltratos. Precisamente esta obra teatral busca sensibilizar para que las mujeres aprendan a volar solas, adquiriendo las capacidades necesarias y dejen en el olvido su amarga experiencia, como bien describe la canción “Ella” de María Nieves Rebolledo Vila en su Álbum Pafuera Telarañas, la artista española Bebé: “(…) le gusta su sonrisa, no se siente una extraña (…) hoy es una mujer que se da cuenta de su alma (…) hoy vas a mirar para adelante que para atrás ya te dolió bastante (…) hoy vas a comprender que el miedo se puede romper con un solo portazo (…) hoy vas a hacer reír porque tus ojos se han cansado de ser llanto (…) Hoy vas a conquistar el cielo sin mirar lo alto que queda del suelo”. Como lo diría Amartya Sen, mientras más funcionamientos tengan los seres humanos (o las mujeres), más habrán conquistado su libertad. Las mujeres dejaran de ser la clase dominada y empezarán una nueva vida, la cual les permitirá quitarse la máscara gruesa que llevan encima. La violencia está tan enraizada en nuestro país y en el mundo, que inclusive en tiempos del Covid 19, se evidenció, otra pandemia, es decir, la violencia contra las mujeres que se vivió en casa durante las cuarentenas a las que tuvimos que confinarnos por este lamentable virus, en donde las víctimas tuvieron que pasar mucho más tiempo con sus verdugos. Las cifras que proporciona el MIMP a través del Programa Aurora son alarmantes. De enero al 30 de noviembre del 2023, se han atendido 154 481 casos de violencia contra la mujer, de los cuáles el mayor porcentaje 19.7% se encuentra en las mujeres entre 26 a 35 años y la violencia psicológica ocupa el primer lugar con 66,199 denuncias. En tal sentido, debemos protagonizar el cambio social y en esta tarea, las ciencias sociales, a través de las artes escénicas, nos pueden ayudar a construir nuevos paradigmas mentales y la eliminación de las brechas sociales, que impiden a los sectores más vulnerables constituirse en seres humanos con libertad, para llegar al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible al 2030, entre ellos la igualdad entre los géneros y el empoderamiento a todas las mujeres y las niñas.

En este contexto, podría afirmar que el colectivo Tránsito – Vías de Comunicación Escénica se mueve y asume su propia personalidad como parte de una red de resistencia y esperanza (Castell, 2009), ya que, es parte de un grupo de colectivos que se unen para transformar cultura y que inclusive para ello utilizan la comunicación digital, a través de redes sociales o la autocomunicación de masas, publicitando sus obras por facebook o twitter (ahora X). Esta red movida por la indignación ante la violencia doméstica y de género.

En esta experiencia, podemos destacar el pensamiento de Martha Nussbaum cuando dice que el papel de las artes y humanidades sirven mucho más que para ganar dinero, sino para construir un mundo en el que valga la pena vivir con seres humanos que puedan ser capaces de mirarnos como fines en sí mismo y no como medios, este es el poder de las industrias de artes escénicas, el poder de la comunicación.

De todo ello, se desprenden estas interrogantes: ¿cuánto hemos hecho desde los ámbitos individual y colectivo como periodistas para aportar en la erradicación de la violencia contra la mujer? ¿El estado peruano brinda la importancia debida a la educación en artes y humanidades para erradicar la violencia contra las mujeres? ¿El actual Plan Curricular revalora la dignidad de la familia y construye la cultura de paz? ¿En nuestras familias, podemos encontrar patrones de cultura de paz? ¿Qué hacemos para lograrlo? Porque el cambio comienza por nosotros mismos. ¿La comunicación digital aporta con sus contenidos en la construcción de la cultura de paz y dignidad humana o está henchida de metáforas bélicas?

Como bien menciona Paloma Carpio, el teatro nos permite ser auténticos y tener empatía con los demás (Carpio, 2018). Las artes escénicas aplicadas en espacios como las aulas de las instituciones educativas y las universidades pueden transformar cultura, sensibilizando a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes para mejorar sus comportamientos y su salud mental, porque solo la buena formación desde niños puede construir ciudadanos de bien al servicio de la comunidad. Por el contrario, lo que hasta ahora hemos hecho es crear monstruos que no valoran la dignidad humana y creen que el golpe y la violencia es “una forma de vida normal”. Creo con firmeza que el cambio es posible. No vamos a señalar que solo los varones tienen responsabilidad, porque inclusive ellos son víctimas del sistema. Alguna vez hemos analizado: ¿Un varón que ejerce violencia es verdaderamente feliz? Considero que la respuesta es un NO rotundo. Incluso ellos necesitan ayuda, para salir de esos traumas de niños o para comprender que la violencia no es un modo de vida. Las artes escénicas tienen el poder de generar la seguridad suficiente para asumir riesgos (Carpio, 2018). El Plan Curricular debe ser transformado, incluyendo como eje prioritario las artes y humanidades, debemos volver a los cursos que ahora ya no se dictan como Filosofía; así también, los contenidos de Educación Cívica se han fusionado en un solo curso como es Desarrollo Personal, Ciudadanía y Cívica y aunque mucho se ha dicho que el único cambio ha sido la nomenclatura, eso es falso, basta con revisar los módulos de trabajo que entrega el Ministerio de Educación (Minedu), tanto en primaria como en secundaria en la Educación Básica Regular (EBR), para darnos cuenta de que se han recortado las temáticas inclusive en el curso de Tutoría. Sólo así podremos construir nuevas generaciones con plena seguridad, valores, ética, con sueños, personas humildes y solidarias que se convertirán en profesionales con visión humanista y que aportaran con sus acciones en el cambio social. No obstante, la educación se ha renovado con cursos que aportan para el análisis económico y las finanzas pero no cultivan el alma, como son: educación financiera y tributaria, contabilidad, economía y derechos del consumidor. En este panorama, son urgentes los cambios para que las mujeres puedan convertirse en mariposas y aprendan a volar.

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Mgtr. Kelly G. Rojas Ruiz
Mgtr. Kelly G. Rojas Ruiz
Licenciada por la Universidad Nacional de Piura - UNP. Magíster en Gerencia Social por la Universidad Nacional de Trujillo- UNT. Especialista en Gestión Pública por la Pontificia Universidad Católica del Perú-PUCP. Maestrista en Comunicación por la PUCP.

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