Porno me dejo impotente | Nueva adicción

Este es el testimonio de Gabriel Deem, que logró superar su problema tras nueve meses de terapia. Cada vez hay más casos. Se debe a que el consumo de imágenes de contenido sexual eleva demasiado los niveles de dopamina, por lo que el cerebro sufre una suerte de reconfiguración y reclama este tipo de hiperestimulación.

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junio, 2017

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Este es el testimonio de Gabriel Deem, que logró superar su problema tras nueve meses de terapia. Cada vez hay más casos. Se debe a que el consumo de imágenes de contenido sexual eleva demasiado los niveles de dopamina, por lo que el cerebro sufre una suerte de reconfiguración y reclama este tipo de hiperestimulación.

Seguro que a muchos chicos del instituto de Dallas (EEUU) al que iba Gabriel Deem en los años noventa del siglo pasado les hubiera gustado ponerse en la piel de este joven rubio de ojos claros. Puede que en aquellos días no destacara por su altura, pero jugaba al baloncesto de maravilla. Firmaba excelentes porcentajes de anotación desde la línea de tres puntos. Tenía amigos y alguna novia.

Estando en el instituto varias universidades llamaron a su puerta para hacerle ofertas. Querían pagar sus estudios a cambio de que jugase en sus equipos de baloncesto. Pero el interés no era recíproco. Deem estaba enganchado a ver porno por internet. Éste es su testimonio:

Nuestra generación no diferencia entre ver porno y masturbarse. Son cosas que van juntas. Yo vi porno por primera vez a los ocho años. Desde los doce, todos los días tenía sesiones de porno que eran, más o menos, de entre 15 minutos y una hora diarios, una o dos veces al día.

Con los años de consumo, fui objetivizando a las chicas. En lugar de mirar a una chica y apreciar su belleza, me imaginaba haciendo las cosas típicas de las escenas pornográficas. En lugar de apreciar su sonrisa, apreciaba imaginar tener sexo anal con ella, o eyaculando en su cara, por ejemplo. Mis opiniones, mi visión del sexo, se transformaron en algo pervertido.

El incidente que me ocurrió a los 23 años fue una llamada de atención muy seria. Yo quería que mi pene funcionara de nuevo con chicas. Es una gran motivación y pude salir de eso. Pero tardé nueve meses en volver a tener erecciones sin porno. Para dejarlo, el tratamiento fue sencillo. Si tienes disfunción eréctil inducida por el porno, deja de ver porno y ve a ver personas reales. Tienes que dar tiempo a tu cerebro para que se ajuste a la realidad y reconfigurarse.

Yo sufrí síndrome de abstinencia. Cuando lo dejé, empecé a tener mucho estrés, tenía también problemas para dormir. En una ocasión casi tuve un ataque de pánico, con problemas para respirar. Tuve algún flashback, imaginando escenas de porno. Fue una locura. Sé que no todo el mundo tiene estos síntomas pero yo sí los tuve. Después de aquello, eso sí, habiendo sufrido un infierno de proceso de recuperación, mi vida se convirtió en algo mucho mejor. Tenía más felicidad, alegría, motivación y lo que es aún más importante, mayor claridad mental y podía funcionar sexualmente. Me convertí en una persona más feliz.

Ahora soy profesional de la industria del fitness, también soy entrenador personal y rehabilitador físico de supervivientes de cáncer. Tengo 29 años y llevo seis alejado del porno. Tengo una novia con la que mantengo una relación estable que va para largo. En el proceso de rehabilitación, que duró nueve meses, fundé el foro por internet Reboot Nation, que es una comunidad para recuperarse y contar lo que el porno por internet nos ha hecho. Tenemos algo más de 10.000 miembros. La mayoría son jóvenes, pero los hay de todas las edades. También hay mujeres; son menos, pero ahí están. Tenemos casos de parejas afectadas.

En Reboot Nation hay personas de casi todos los países del mundo con conexión a Internet. También hay un montón de españoles. A través del foro, intervenciones públicas y la cooperación con otras asociaciones, como NoFap [cuyo número de miembros alcanza los 200.000], me dedico a concienciar a la sociedad. Este es un problema de salud pública”.

TIEMPO MEDIO A NIVEL MUNDIAL EN PORNHUB: 9 MINUTOS Y MEDIO

La historia de Gabriel Deem no es única. Este problema sexual del siglo XXI lo estudian científicos y médicos desde hace poco. Casos como el de Deem indican que puede haber otros motivos para causar impotencia, más allá de ser consecuencia de enfermedades cardiovasculares, bajos niveles de testosterona, problemas de circulación o efectos secundarios asociados al consumo de drogas.

En vista de la consumición que se hace de la pornografía a través de la red, es más que probable que haya un número muy elevado de personas sufriendo este tipo de disfunción eréctil. La empresa canadiense líder mundial de alojamiento de vídeos pornográficos, Pornhub, sitúa en su último resumen anual a Españaentre los países donde más se consumen este tipo de contenidos. Se encuentra en la decimotercera posición de la lista de tráfico por países que elabora anualmente esa compañía, con sede en Montreal. En cabeza de esa clasificación figura Estados Unidos, que acumula un 40% del tráfico. Estadounidenses, británicos y canadienses son los ciudadanos del mundo que más porno ven en Pornhub.

En sus sesiones de visionado de pornografía por internet más cortas, Deem apenas pasaba cinco minutos más que la media actual del usuario estadounidense. A saber, 10 minutos y 46 segundos, según Pornhub. Los usuarios españoles de ese portal consumen en él un tiempo medio de 8 minutos y nueve segundos. La media mundial está en unos 9 minutos y medio.

POTENCIAL ADICTIVO

Darryl Made, historiador británico especializado en tecnología, expone a EL ESPAÑOL que el porno por internet resulta especialmente “adictivo”. “Es gratis, existe una cantidad ilimitada de sexo con un número ilimitado de ‘parejas’, puedes cambiar tan pronto como uno quiera, lo tienes siempre al alcance de la mano y, además, al tener un orgasmo delante de la pantalla, en realidad, a tu cerebro le estás mandando una señal de que esa actividad es muy importante”, explica. “El porno en internet está ahí siempre, pero el sexo de verdad hay que buscarlo, y eso implica un esfuerzo, además de compaginarlo con otras actividades como salir, conocer gente, ir al trabajo o a clase”, añade.

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