[ Billy Crisanto ] El inicio del derrumbe de la antigua escuela…

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Después de algunos meses de las llamadas clases virtuales o remotas, además del agotamiento propio de la adaptación, también somos testigos excepcionales de cómo sentimos un mayor cariño por nuestros estudiantes, quizá porque también vivimos sus precariedades, sus temores, y sus esperanzas. Particularmente, el conocer sus historias y sus adversidades me ha nutrido mucho como persona, y no creo ser parte de una minoría…
Veamos. La sensibilidad es uno de los rasgos que posibilitan un crecimiento más humano de la persona, y paradójicamente una de los ámbitos menos cultivados en la escuela. Y es que vivimos en un mundo tan materializado, donde cada de nosotros ha dejado de ser fin para convertirse en medio para conseguir otros fines de carácter económico. Esta tendencia expresada principalmente en los medios de comunicación masiva ha terminado por invadir todas las actividades del quehacer diario.
La escuela no ha escapado a esta tendencia, convirtiéndose en una entidad más preocupada en los resultados cuantificables, antes que en el crecimiento de la persona. De esta manera, tanto el docente como el estudiante se han convertido en acumuladores de productos (“evidencia” es un eufemismo), sin los cuales no puede justificar su trabajo…
Quienes diseñan las políticas y los planes educativos, evidentemente jamás aceptarán que vivimos en un proceso de deshumanización general, afianzado precisamente desde la escuela. Sucede que ellos a su vez siguen los pautas de otras tendencias dictaminadas por los poderes económicos internos y externos. No olvidemos, en esta línea, que la educación es un subsistema dependendientes, por lo tanto sólo refleja los intereses (objetivos es otro eufemismo) de quienes toman las decisiones…
Sin embargo, la actual pandemia que sufrimos a nivel planetario, al desnudar tremendamente nuestras carencias y deficiencias, está también sensibilizando a la humanidad entera acerca de lo equivocado de la dirección que habíamos tomado. El hecho de que un ser tan diminuto que dicen ni siquiera tiene vida, esté causando tanta muerte y sufrimiento, nos revela nuestra fragilidad ante la naturaleza. ¿Dónde está el poder de la ciencia? podríamos preguntarnos muchos, que no soluciona este flagelo. ¿Dónde la arrogancia del hombre, otrora rey de la creación?
Éstas y otras preguntas nos devuelven a la misma conclusión. Ni la tecnología, ni siquiera el dinero nos salvarán mientras estén encaminadas hacía la concentración y enriquecimiento de unos cuantos, y la pobreza de las enormes masas…
Sin embargo nos queda aún la escuela como punto de apoyo para intentar una vuelta de timón primero y un replanteamiento después. Y quién sabe si esta virtualización de la enseñanza (con la desaparición del papel físico) no prefigure el derrumbe (la prescindibilidad) de las estructuras sobre las cuales se ha sustentando un sistema ineficiente y corrupto. Quizá si logramos superar las dificultades adaptativas de hoy, no signifique en el futuro relaciones más humanas y éticas entre los actores de la educación…
Una parte de la respuesta me la dio un estudiante cuando me dijo “profe, a veces extrañamos sus clases virtuales y las de otros profesores porque parece que se han vuelto más buenos”…
#Billy Crisanto Seminario
#Piura – Perú

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