[ Teddy Montufar ] Pelágicos Y bentónicos

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La naturaleza nos ofrece enseñanzas que lamentablemente, pasan desapercibidas, la mayoría de las veces; por eso, para no continuar en la misma necedad puede resultarnos útil aprender a leer los signos de la realidad circundante. Hablemos de los peces. Los peces del mar -por ejemplo – se agrupan en dos grandes conjuntos o familias, cuyas características son notoriamente diferentes unas de otras y sus conductas nos revelan enseñanzas para enfrentar la vida, al menos, de dos maneras contrapuestas. Un gran conjunto de peces llamados pelágicos, y el otro gran conjunto de peces, denominados bentónicos. Veamos qué tenemos que aprender de cada uno de ellos.
Los peces pelágicos, gustan vivir en las aguas cálidas de la superficie; se movilizan en grandes masas, en cardúmenes; a ellos les pertenece el piélago y disfrutan de los rayos solares tanto como de la admiración de los humanos. Quizá por eso, dan de brincos y maromas como saltimbanquis, con sed de aplauso humano. Estos peces de vida superficial y aguas poco profundas, siempre están expuestos a los cambios imprevistos de corrientes marinas, por eso se ven arrastrados de escenario, frecuentemente.

Pelágicos Estos peces de vida superficial y aguas poco profundas, siempre están expuestos a los cambios imprevistos de corrientes marinas, por eso se ven arrastrados de escenario, frecuentemente.
Pelágicos Estos peces de vida superficial y aguas poco profundas, siempre están expuestos a los cambios imprevistos de corrientes marinas, por eso se ven arrastrados de escenario, frecuentemente.

También los cambios bruscos de temperatura marina, perjudican muchas veces a los pelágicos y los conducen a la muerte cuando son atrapados en bolsones de aguas demasiado cálidas, y luego ya sin vida, varan por montones, en las playas del litoral. Los peces pelágicos, están familiarizados con el ruido y con la liviandad de lo superficial; por eso son presa fácil de los peces grandes como de redes y anzuelos. En cambio, la otra familia de peces, se diferencia porque vive en los fondos marinos. A estos peces se les llama bentónicos. Bentos, significa fondos. Los peces bentónicos gustan de la serenidad de la profundidad marina, disfrutan la belleza del silencio. Están más de acuerdo con que las cosas hay que dejarlas caer por su propio peso, antes de abordarlas. El mundo de los bentónicos es de aguas frías, cortantes arrecifes, corales y anémonas ingrávidas en una sinfonía de colores: es el reducto de Neptuno. Es menos frecuente pescar un bentónico con anzuelo, aunque no imposible. Se necesita técnica y señuelos especiales.

Los peces bentónicos gustan de la serenidad de la profundidad marina, disfrutan la belleza del silencio. Están más de acuerdo con que las cosas hay que dejarlas caer por su propio peso

La pesca de los bentónicos siempre será más interesante que la de los pelágicos. Para capturar peces bentónicos, el hombre prefiere bajar a los fondos marinos para buscar, enfrentar cara a cara y cazar a su presa. Es sin duda, una lucha a muerte, pero marcada con el signo de la inteligencia y la astucia. La caza, siempre ofrece una oportunidad de vida para la presa; es una competencia táctica y estratégica que se puede inclinar para uno como para otro lado en función del uso de la inteligencia y la habilidad para reaccionar. Por eso, siempre será más interesante la caza submarina, que la pesca con anzuelo. En cambio los peces pelágicos llegan a ser tan voraces -algunos de ellos como la cachema- que no necesitan más argumento para picar fácilmente, que un anzuelo hasta sin carnada. Siempre reaccionan instintivamente. Estos seres acuáticos, fagocitan todo lo que cae en la superficie del agua, sin reflexionar o examinar aquello, provenga de dónde provenga.
Estos dos modos de vida en un mismo medio, tienen tanto parecido con la vida de los humanos que casi podemos vernos retratados en el espejo del mar. La liviandad y la superficialidad en la actuación de unos, como la profundidad en la vida de los otros. Dos extremos y dos caminos. Que nos ofrecen tema para la reflexión personal. ¿Qué determina que algunas personas se puedan agrupar por su similitud en el actuar y el pensar, con los pelágicos o bentónicos? Ciertamente el criterio, tanto como los principios de vida, o la carencia de ellos. Cómo todos sabemos, el criterio es una norma que nos permite conocer la verdad; es el juicio o discernimiento necesario para dar con el camino de la verdad en todo orden de cosas. El criterio se aprende mejor de manera práctica, aplicado, a los conocimientos teóricos, como al ejercicio de la propia conducta. Sobre todo a esta última, que es dónde mejor se reflejan las actitudes y valores de las personas. El criterio tiene que ver con la pertinencia en el actuar pero es producto del discernimiento, pues se trata de filosofía práctica. ¡Cuánta falta hace que el criterio nos ayude, a dar con las soluciones que la vida nos exige a cada momento! Una persona sin criterio es fácil presa de los vaivenes de la vida. Actuará y pensará como un ser pelágico. Se tragará cualquier anzuelo, hasta sin carnada. Es un pelele de los demás. Cualquier viento suave lo desvía de dirección, porque carece de profundidad en el pensamiento, y no tiene principios sólidos, ni tampoco cuenta con criterio propio, sino que lo manejan con criterios ajenos. También ocurre esto, porque se ignora que la verdad y los principios de vida entrañan compromiso ante cualquier situación por adversa que se nos plantee. Por eso, creo que más nos conviene imitar a los seres bentónicos.
Por: Teddy Montufar

#RECORDANDOSUPLUMA: El presente artículo de opinión, es publicado en honor a la memoria de Teddy Montúfar Abad, al conmemorarse siete meses de su partida a la casa del padre. Q.E.P.D.

Atte.
Familia Montúfar.