EL COLAPSO DEL QUE NADIE HABLA

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Por: Billy Crisanto Seminario

El colapso del sistema de salud en nuestra región es un tema tan contundente que nadie se atreve a maquillarlo. Hospitales sin equipos, sin camas, sin médicos, sin oxígeno son realidades tan duras cuyo inconmensurable dolor sólo la han vivido quienes han perdido un ser querido en uno de estos nosocomios del Estado.
Sin embargo pocos conocen la historia detrás de cada fallecido por la Covid-19. Me refiero a la forma en que se contagiaron del virus. Pocos saben que muchos ancianos, a pesar de no salir de sus casas, tuvieron contacto con sus hijos, sobrinos, nietos (jóvenes todos ellos). Y son los mismos que seguimos viendo en la calle en grupos, sin mascarilla, sin guardar el distanciamiento social y desafiando a la autoridad, pues su “vitalidad” los hará inmunes a la muerte. Estos jóvenes sin la menor consideración por sus familiares en condición de vulnerables no recibirán el menor castigo por sus acciones. Algunos son capturados por la policía, sin poder evitar que de paso contagien a los agentes del orden.
Así como los hospitales que tantas veces se prometió equipar y remodelar, y que hoy se convierten en mortuorios de la ciudad, son el monumento a la ineficiencia y a la corrupción. Así también, estos jóvenes constituyen la triste cosecha a las gestiones de gobierno donde imperaban las mismas taras que colapsaron el sistema de salud. No obstante este vetusto sistema es analizado en todas sus aristas por especialistas de casi todas las ramas.
Pero el otro colapso, el del sistema educativo, ni siquiera es mencionado Porque una simple comparación con cualquier país asiático nos restrega en la cara como esas poblaciones, no necesitan que policías y soldados los estén vigilando para cumplir las normas durante un estado de emergencia. Consecuentemente, los sistemas de salud de esos países no colapsan ni lo harán, porque esos jóvenes poseen autocontrol, autodisciplina, sentido del deber, y sobre todo poseen la convicción de la primacía del bien común sobre cualquier parecer.
Y lo anterior no significa necesariamente estrategias de represión. Se trata fundamentalmente en (dicho metafóricamente) ingresar al alma, al corazón, de nuestros estudiantes. Que sientan, que se emocionen, que se conmueven ante el drama de las víctimas, y esto significa una SINTONÍA EMOCIONAL, con ellos, escuchar sus dramas, sus frustraciones, pero también sus sueños, y sus ideales; y esto es lo que precisamente no hacemos (para hablar en primera persona) los docentes. Y no lo hacemos porque sólo apuntamos al aspecto cognitivo, incluso DESHUMANIZADOR, porque así lo exige el Minedu, y sus entes descentralizados…
Insisto. Esos niños y jóvenes (duele decirlo), poseen precisamente aquellos que no les hemos inculcado a los nuestros en las escuelas. Preocupados mientras tanto en que la “globalización exige poseer las mismas destrezas y capacidades que los estudiantes europeos o asiáticos. Y cuando evaluamos los logros de nuestros estudiantes. Todo lo contrario a aquellos.
Y es que seguimos cometiendo el mismo error de hace siglos. Nos damos prisa por construir las coloridas paredes de la casa, sin que tengamos siquiera los materiales para las bases y las columnas de la estructura.
Quizá no nos hemos percatado aún que un día, un grupo especialistas con mucho poder se le ocurrió que debíamos dejar de ser formadores, convirtiéndonos en facilitadores, intermediarios, y en meros observadores de cómo nuestros niños y jóvenes interiorizaban y practicaban ellos solos los valores y las actitudes que iban a guiar sus decisiones y sus acciones durante toda su vida.
Y cómo si esto fuera poco, luego se blindó al sistema normando la sanción a aquel maestro que osara dedicar algo de su tiempo, en forjarles la estructura moral que los hiciera mejores personas y mejores ciudadanos.
El sistema entonces continuó. Los especialistas le pusieron un nombre rimbombante a la modernidad educativa. Se aseguraron, con decenas de capacitaciones, sobre cómo lograr que un estudiante peruano, primero compitiera con su compañero del lado, luego con el de otra aula, hasta que fuera capaz de competir con uno del primer mundo.
No importaba si se burlaba del profesor, si mentía o se apropiaba de las cosas de su compañerito; pues ahí estaba presto el “defensor” de los estudiantes. Algunos de aquellos maestros con un carácter forjado y con una solvencia a prueba de balas, sobrevivieron, pero los educadores más jóvenes, sin carácter y atemorizados por códigos y reglamentos, fueron rebasados.
Entonces las primeras promociones de estos publicitados cambios del ministerio, egresaron insuflados de individualismo. Desafiaron a los policías, se burlaron de los soldados y terminaron contagiando a las personas vulnerables de su propio hogar hasta que ya no hubiera camas ni balones de oxígeno. Y nadie tocó el tema del colapso del sistema educativo en el Perú…
#Billy Crisanto Seminario
#Piura – Perú

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