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dicembre, 2019

14dec12:30 am1:00 pm[ Distrito 26 de Octubre] Acto de colocación de la primera piedra para el mejoramiento de las calles en la UPIS Paredes Maceda .

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Por: Billy Crisanto Seminario

La televisión y el internet han sido estigmatizadas por los adultos por sus contenidos ligados a la violencia y al sexo. No obstante, en ambos medios, la clave es el criterio que nos permita seleccionar aquellos programas y website que generen aprendizajes positivos. Por ejemplo, hace unas semanas pude ver un excelente documental de la HBO televisión, del cual se derivan dos reflexiones importantes. Ambas tienen que ver con la educación…
Veamos. Uno de los rasgos fundamentales nuestro sistema educativo es su naturaleza competitiva, antes que cooperativa. En efecto. Desde el nivel Inicial hasta el nivel superior, los estudiantes pasan su vida compitiendo entre sí, muchas veces utilizando artilugios, llegando a la cima unos cuantos, mientras la mayoría se queda en el camino.

El origen de este paradigma educativo supuestamente originado en nuestra pre historia, hoy está seriamente cuestionado en prestigiosos círculos académicos. Hasta hace poco se daba por hecho que la supervivencia de las especies se basaba en la primacía del más fuerte, y la consecuente extinción del más débil. Este principio se cimentó científicamente en la teoría de la Evolución de Charles Darwin. Sin embargo, se olvidó algo que el propio Darwin aceptó. Me refiero a lo paradójico de la no extinción de la especie humana, a pesar de que en fuerza y resistencia estaba en gran desventaja frente a otras especies. La explicación del porqué hemos sobrevivido se demostró posteriormente en la cooperación de nuestros ancestros. Es decir, dotado de inteligencia (o de proto inteligencia), tempranamente se convenció de que no estaba equipado para luchar con otras especies, por lo tanto, no tenía más remedio que recurrir a la protección y a la ayuda mutua, además de inventar armas más letales que las fauces de las fieras…

De esta manera el Homo Sapiens llegó a organizarse y lograr el progreso material y cultural que tanto nos sorprende. Este progreso, entendido dialécticamente, engendró sus propias contradicciones. Una de ellas tiene que ver con el surgimiento de la propiedad privada, y con ella los poderes económico y político. A partir de allí se cimentó el dominio de unos sobre otros, que fue la característica principal de las antiguas sociedades guerreras. Luego llegaría el auge del poder religioso durante la edad media, más tarde el Capitalismo. Este modelo proclama la competencia como el motor del progreso. De alguna forma los teóricos capitalistas avalaban el citado principio darwiniano de la supervivencia del más fuerte.

Hasta aquí una síntesis apretada de porque nuestro sistema educativo es mayoritariamente competitivo antes que cooperativo. Las listas de orden de mérito son demostración palpable de cómo, sin tener plena conciencia, establecemos una competencia por una beca o por una plaza. Quizá en un sistema ideal, todos tendríamos oportunidad de acceder a un programa, y en el camino los más aptos ayudarían a los menos, de tal forma que la mayoría apruebe; y los que no lo lograran, se les ubique en otras opciones educativas. Esto, que parece utópico para nuestra realidad, es la tendencia en sociedades con sistemas educativos más avanzados, donde no son las escuelas privadas las mejores, sino las públicas. Finlandia y Singapur son un ejemplo de ello, precisamente porque han antepuesto la cooperación a la competencia…

La otra tesis del documental del que les contaba al inicio, es aún más sorprendente, y tiene una trascendencia más allá de la escuela, pues evidenciaría un revolucionario cambio. Veamos. Antes se daba por hecho de que en la mayoría de especies el papel del macho líder (macho alfa) del grupo era decisivo para la supervivencia. Vigilados con potentes cámaras durante grandes periodos de tiempo, los estudiosos descubrieron que para decidir el arroyo o laguna donde ir a beber agua, los venados comenzaban a mirar hacia uno de los abrevaderos, y sólo después de que la mayoría miraba en dirección a uno de ellos, todos acudían a saciar su sed. En la práctica lo que estaban haciendo era votar y decidir en función a los resultados. El experimento fue replicado en otras especies con similares resultados.

Esto sería revolucionario en la medida de que, al menos en algunas especies, es la democracia la que predomina antes que la obediencia ciega al líder. La pregunta que surge es entonces, de dónde nos viene la tendencia a renunciar a nuestra libertad, en aras de la supuesta seguridad que nos ofrece un gobernante. Definitivamente, si no se ubica en nuestros genes, debe tratarse de herencia cultural y se explicaría, en un primer momento, por el temor a lo sobre natural (aquello que no nos podemos explicar racionalmente). Pero en un segundo momento a un sistemático e histórico condicionamiento que hace que la libertad, la oportunidad de decidir, el ir contra la corriente; nos produzcan miedo. Si nos atenemos a que los primeros gobernantes de las antiguas civilizaciones surgieron de la casta sacerdotal primero, y de la guerrera después, entonces cobra sentido esta tesis. Los rasgos terroríficos de las antiguas divinidades (por ejemplo en Chavín) confirmaría como se logró inculcar en nuestro inconsciente colectivo este temor a la libertad, el cual nos lleva a entregarle nuestras decisiones (y hasta nuestra libertad) a un tirano.

Finalmente, antes que llevarnos hacia un pesimismo fatalista, lo anterior supone un desafío para la escuela de hoy. Se trata en primer lugar de la preeminencia del bien común, antes que el personal. Luego, de la formación de niños y jóvenes, que superen sus miedos y complejos, y más bien desarrollen la autonomía y asertividad. Dotados de estas cualidades, podrán tomar decisiones basadas en un pleno análisis de conciencia, antes que llevado por el temor, o por la multitud. Si la escuela comienza a plantearse metas y objetivos que, directa o indirectamente, formen mejores seres humanos, el bien común, e incluso el éxito (en el alto sentido de la palabra), irán llegando por inercia.

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