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dicembre, 2019

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Por; Miguel Godos Curay

Teddy Montufar Abad se fue hoy 2 de octubre a las 3.40 de la tarde en plena primavera. Junto a Álvaro, su hijo, estuve ahí. Para los amigos siempre la alegría nunca la tristeza y el dolor. Lo conocí hace muchos años camino a la escuela en Paita. Él iba al Colegio San Francisco de Paita yo acababa la primaria. Más tarde por iniciativa del cura don Miguel Armestar se creó el club deportivo JUPSA (Juventud Unida para una Sana Alegría). Ahí practicaba el baloncesto y el fútbol. Por aquellos años usábamos el uniforme beige y disfrutábamos de las inacabables historietas de Novaro que con fruición coleccionaba Dioscórides Mariño. Nos apasionaba la lectura amena con un buen vaso de raspadilla con jarabe de tamarindo. Envidiable y placentero deleite

La vida porteña transcurría entre la escuela, la casa, el deporte a cielo abierto en la playa El Toril y las pasiones personales. Unos juntaban coloridos cromos y sellos de correos, otros alimentaban con lechuga sus verdes capazos, otros las contiendas con trompos de zapote, otros el fútbol y el ajedrez como los chinos Fong disciplinados por don Joaquín, su padre, con paciencia oriental. Los fines de semana y después de misa compartir el cebiche con pescado fresco en el muelle fiscal. Crecimos entre la brisa fresca del mar e innumerables personajes cotidianos. El mecánico Félix Rodríguez que daba cuerda al reloj de la torre de la Iglesia San Francisco. Juan Emilio Ginocchio con sus coloridas camisas caribeñas y su afición a la música. El panadero Cruz con sus deliciosas cachangas y milanes, Currundo con sus helados de vainilla.

Encontré a Teddy más tarde en la Universidad de Piura como debutante profesor del Programa Académico de Ciencias de la Información siempre amable, ameno y divertido. Tuvo con nosotros algunas clases de Redacción I y II. Su tesis de Licenciatura fue un estudio sobre el Estilo Didascálico en la Prensa Peruana, un análisis estilístico profundo sobre los editoriales de la sumisa prensa de la dictadura de Velasco. Con Teddy intimaban Ronnie Moscol y Segundo Infante, con ellos la conversación era el acontecer periodístico.

Gracias a su confianza corregía los trabajos de redacción periodística encargados por el profesor Montufar, posteriormente fui jefe de prácticas de los profesores de Literatura Adolfo Venegas y de Historia del Perú Antiguo del padre Esteban Puig. Casi al culminar su carrera participó del PGLA (Programa de Graduados Latinoamericanos) de la Universidad de Navarra (España). Estuvo después por la UNIFE y la Universidad Nacional de Tumbes.

Mientras tanto y después de cinco años en la sierra de Morropón llegué a la redacción y posteriormente a la Dirección de Correo de Piura. Fue en esa propicia ocasión que le propuse se incorporara a Correo. Sus valiosos conocimientos fueron el ingrediente necesario para elevar la calidad de la redacción. Junto a él crecieron Marco Agurto, Mariela Barrientos, Alberto Coronado, Luz María Ruiz, Herbert Mendoza, Carlos Prieto, Pedro Durand entre otros de la red de corresponsales. Se formó un eficiente equipo humano valioso hinca codos. Una interesante experiencia.

De Correo, pasé a Cutivalú con un estilo novedoso de informar con sabrosos matices de abundante lectura, plena identidad con las demandas de la región, capacitaciones sobre género a cargo de Susana Villarán, diálogos con cooperantes, abundantes picaduras de zancudos en Villa Nazaret en Chulucanas. El alma de la fiesta un asombroso y cristiano espíritu de cuerpo. La batuta jesuita y algunos intérpretes evangélicos en el equipo de la radio. Teddy en Correo fue Jefe de Redacción y asumió la dirección cuando me fui.

De Cutivalú me enrumbé a la Universidad Nacional de Piura a la naciente Escuela de Comunicación Social al frente de la cual estuve diez años viéndola crecer a ritmo vertiginoso y completar su cuadro de profesores. Periodistas con trajín y experiencia fueron reclutados para la enseñanza entre ellos siempre brillantes Teddy Montufar, Noé Rojas, Alina Antón, Dina Saavedra, Javier Gonzáles y Mariela Barrientos. La escuela creció en alumnos y profesores y el sueño se hizo realidad. Teddy y Mariela fueron los ladrillos de los cursos de Redacción, pura exigencia y trabajo serio. Hoy las ayer maquinitas portátiles de escribir son silenciosas laptops. Tras estos diez años sin tregua y con quince aulas aseguradas y hoy modernizadas en el pabellón de estudios generales dejé la Dirección. Me tocó pelear en su momento con la ANR la Licenciatura en Comunicación Social pues según me advirtieron la licencia consignaría “licenciatura en educación con mención en comunicación”. Un verdadero disparate académico.

En el menudo trabajo en las aulas estuvo Teddy, compañero de aventuras y de sueños. Paiteño de lealtad insobornable. Un amigo y generoso consejero. Afectuoso padre y leal esposo. Ana María, Rafael, Álvaro y Paolo su continuidad genética pueden dar fe de ello. Lo siento purificado de cuerpo y alma en su lecho póstumo. En la intimidad de los recuerdos inolvidables partió por el camino que Dios le señaló. Lo sigo escuchando en sus sinceras advertencias y consejos. Lo evocaré siempre al frente de la redacción imperturbable y acucioso. Mi voz resonaba como en las viejas redacciones, él fue un hombre apacible y bueno. Alguna vez a la hora del cierre. Voz en cuello decía a los redactores “parece que ustedes trabajaran para la competencia. Nosotros somos Correo”. Y no le faltaba razón. El maestro y el amigo inolvidable se quedó dormido tras la intensa jornada en la que como sucede a los periodistas son irrepetible noticia.

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