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(Reflexión inspirada en las lecturas del I Domingo de Cuaresma, año C)

En este primer domingo de cuaresma, la Iglesia nos propone meditar el texto de las tentaciones, según el evangelio de Lucas 4,1-7. Así es que esta es una buena ocasión para meditar precisamente sobre la tentación.

Empecemos diciendo que la tentación es una forma de actuar del demonio. Soy consciente que al leer esta afirmación alguien podría decir: “Vaya, ¡qué desactualizado y anticuado está el P. Malca! El demonio no existe, es un símbolo o una figura literaria”. Hay gente que piensa así, incluso algunos sacerdotes niegan la existencia del maligno. Pero negar la existencia del demonio es estar en contra de la enseñanza de la Iglesia, enseñanza que tiene un sólido fundamento bíblico. Precisamente una de las estrategias del demonio es hacernos creer que no existe. También soy consciente que, a veces, hay gente fanática que exagera y quiere explicarlo todo desde el demonio. Y esa también es una postura equivocada. El demonio existe, pero no debemos magnificar su actuar. Debemos ubicarlo en su justa dimensión. El demonio existe y una de las formar de actuar es mediante las tentaciones. Hasta Jesús fue tentado. Analicemos las tentaciones del Señor.

El diablo tiene muchas maneras y formas de tentarnos, pero todas ellas se pueden catalogar en tres grupos: Tentaciones de materialismo y hedonismo, del tener y de poder y de espectáculo. Vemos:

LAS TENTACIONES DEL MATERIALISMO Y HEDONISMO.- Este tipo de tentaciones se encuentran representadas en la tentación de convertir las piedras en pan. El alimento es una necesidad básica del ser humano, que al ser satisfecha produce placer, pero esta necesidad puede ser usada por el demonio para hacer lo que él quiere y convertirla en una actitud hedonista, es decir en la búsqueda desordenada del placer. La famosa frase “pan y circo” ha sido una realidad en algún momento de la historia, y aún sigue siendo, pues a veces algunos políticos los usan para manejar el pueblo a su antojo.

En esta tentación vemos que el demonio ataca a la identidad del Señor cuando le dice: “Si eres hijo de Dios”. Con esta frase quiere hacerle dudar de su identidad, es como si le dijera “si de verdad eres hijo de Dios has esto”. Jesús sabía quien era y no tenía que andar demostrando. Hoy en nuestro mundo hay personas que tienen problemas de identidad. A veces escuchamos frases como éstas: “Tú no sabes quien soy yo”, “Tú no sabes con quien te has metido”. Quienes dicen estas frases en realidad no saben quienes son, tienen un problema de identidad, posiblemente se estén sobrevalorando, creyéndose más que los demás. Sigamos analizando el texto.

Después de atacar la identidad de Cristo el diablo le dice: “has que estas piedras se conviertan en pan”. Dice el evangelio que el Señor había ayunado 40 días y es lógico que al final de ese tiempo sienta hambre y a partir de esa necesidad el diablo lo tienta: le dice que convierta las piedras el pan. Claro que el Señor podía convertir las piedras en pan, pero no lo hace. En algún momento de su ministerio multiplica los panes, pero no convierte las piedras en pan.

La comida, como ya hemos dicho, es una necesidad básica, pero esta necesidad, como tantas otras, puede ser manipuladas por el enemigo para desviarnos del camino de Dios. Qué bien lo expresa el Padre Zezinho en una de sus canciones cuando dice: “Por un pedazo de pan y por poco de vino,/ Yo he visto a más de un hombre abandonar su camino”. Siguiendo el hilo de esta idea podemos pensar en aquellas personas que abandona la Iglesia Católica porque algún grupo religioso le ofrece comida o viajes.

El Señor vence a esta tención con la Palabra de Dios cuando le dice: “Está escrito: “no sólo de pan vive el hombre”. Con esta respuesta Jesús nos dice que si bien el pan material es necesario, pero no debemos caer en el materialismo creyendo que es lo único importante. Así como es necesario el pan material también es necesario y fundamental el pan espiritual, el pan de la palabra, el pan de la Eucaristía, el pan de la fe, el pan de la esperanza. Este dato es importante porque, a veces, hay proyectos pastorales que se fundan en la sociología más que en el evangelio. Le dan tanta importancia a los proyectos sociales más que a la evangelización y la celebración de los sacramentos.

Conozco parroquias donde los sacerdotes, al tener ayudas del exterior, dieron a la gente y les hicieron gente interesada que sólo van a la Iglesia para recibir y no para dar. Esta es una actitud materialista porque sólo tratan de saciar las necesidades materiales de las personas. Esto es un grave error. Es bueno tomar conciencia que en la multiplicación de los panes, primero Jesús les enseña y después sacia el hambre de la gente. (Lc. 9,10-17).

LA TENTACIÓN DEL TENER Y DEL PODER.- La segunda tentación es la tentación del poder, que también tiene como base el materialismo. El evangelio narra esta tentación de esta manera: “Después, llevándolo a un lugar más alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: “Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo”. El enemigo tiene un problema de identidad. Él cree que es Dios y piensa que todo lo que hay en la tierra le pertenece. Por eso pide ser adorado. Pero en realidad podríamos decir que es “un pobre diablo” y que no tiene nada, porque todo lo que Dios ha creado es de Dios y de nadie más. El Señor también vence a esta tentación con la Palabra diciéndole: “Está escrito, al Señor tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto”.

LA TENTACIÓN DEL ESPECTÁCULO.- finalmente la última tentación es la tentación del espectáculo. El enemigo lleva al Señor a la parte más alta del templo y, desde ahí le dice: “Si eres hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Encargará a los ángeles que cuiden de ti”, y también: “te sostendrá en sus manos, para que tu pie no tropiece con ninguna piedra”. El enemigo es astuto, en vista que el Señor le vence con la palabra de Dios, ahora él mismo usa las Sagradas Escrituras para tentar al Señor. Por eso le dice: “Está escrito”. Por lo que vemos el enemigo conoce la Palabra de Dios, pero la usa para sus propios fines. Hoy también existen grupos separados de la Iglesia que usan la Palabra para sus propios fines. En esta tentación también el enemigo ataca a la identidad del Señor: “Si eres hijo de Dios tírate de aquí abajo”.

Dicen que desde el alero más alto del templo, hasta el torrente Cedrón que pasa por ahí había alrededor de 150 metros, el lanzarse de ahí y no hacerse daño era un verdadero milagro, una verdadera proeza. Muchos hubiesen quedado sorprendidos, encantados, pero sus sorpresa hubiese durado poco, porque hubiesen querido más espectáculo y nuestro Dios, no es un Dios del espectáculo. El Papa Francisco ha dicho que “El Reino de Dios no es una “religión del espectáculo” de “fuegos artificiales” que te iluminan por un momento y después ¿qué queda?, nada. “No hay crecimiento, no hay luz, no hay nada: un instante”.

El creer en un Dios del espectáculo es una de las tentaciones que, a veces, tenemos los seres humanos. Reflexionemos en la siguiente historia:

Un sabio iba con su discípulo y el discípulo tenía un amigo que iba con ellos. El amigo le decía al discípulo que le diga a su maestro que haga un milagro de sanación para que pueda creer en él. En el camino se presentaron varias personas enfermas. El amigo del discípulo le decía: -Dile a tu maestro que las sane. El maestro no hizo nada. Siguieron caminando. Después de muchas horas se encontraron con un animalito que estaba herido y una vez más el amigo le dice al discípulo: -Dile a tu maestro que lo sane. El maestro no hizo caso y siguieron adelante. El amigo le dijo al discípulo: -Tu maestro no sirve para nada, les abandono. Dicho esto se marchó. El discípulo confiando en su maestro siguió a su lado. Después de una buena distancia el maestro le dijo al discípulo: -Hijo mío, retornemos. En su camino de retorno cogió al animal y lo sanó, se acercó a las personas enfermas y las sanó. El discípulo al ver aquellas maravillas le dijo: -Maestro, ¿por qué no las sanaste cuando estaba mi amigo? -Hijo mío –le respondió el maestro-, Dios no es espectáculo, es amor, es fe, es misericordia, es paz. Y la fe es la convicción de creer en algo que no vez. Gracias por seguirme.

Finalmente el Señor vence al demonio diciéndole: “Está mandado: “No tentarás al Señor tu Dios”. Desde aquel momento el demonio se marchó hasta otra ocasión. Es bueno tomar conciencia que Jesús, por el hecho de ser humano, fue tentado para decirnos que él también conoció la fuerza de la tentación, pero él salió victorioso y en ese triunfo nos dice que si estamos con él también nosotros también saldremos victoriosos de las tentaciones que tengamos, porque su victoria es nuestra victoria.

Pidamos al Señor la fuerza de su Espíritu para que seamos capaces de vencer cualquier tentación que se presente.

AUTOR: P. Walter Malca Rodas; C.Ss.R. EMAIL: wamar@padrewaltermalca.com WEB: www.padrewaltermalca.com WHATSAPP: +51 955509695

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