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mayo, 2019

31may9:00 am11:00 am[ NORANDINO ] Inauguración de la primera planta de derivados de cacao especial en el norte del Perú.

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Por: Billy Crisanto Seminario
Como subsistemas políticos y económicos, las tendencias educativas se adhieren al modelo imperante, y en nuestro país hablamos del liberalismo capitalista. Éste, precisamente, enarbola como una de sus banderas la libre competencia, resaltándola como el motor del avance de los países y sociedades.
Entonces se trata de competir en un vendaval digitado desde las más altos niveles de poder político y económico, a través de una normatividad que los entes intermedios deben cumplir al pie de la letra. Obviamente, tratándose de una cuestión de paradigma, el imperativo del sistema es inocular en el cerebro de los administradores educativos, la consigna de que SI NO SE COMPITE, NADA VALE.
Es en este momento donde la educación se empobrece y se deshumaniza. Entonces ya no se percibe a los principales actores del proceso educativo (estudiantes y educadores) como SERES HUMANOS, con toda su complejidad bio-psico-social, sino como una pieza de un engranaje cuyo objetivo fundamental es competir. Primero dentro de su misma sección, en su grado, en su escuela, en su ámbito de ugel, etc.
Entonces, conceptos fundamentales como: EDUCACIÓN LIBERADORA, FORMACIÓN ANTES QUE INSTRUCCIÓN, EDUCACIÓN PARA LA VIDA, PRÁCTICA DE VALORES, PENSAMIENTO CRÍTICO, CREATIVIDAD, etc., etc., pasan a un segundo plano, pues lo fundamental es competir para “prestigiar” a tu docente, a tus padres, a tu escuela, a tu ugel. Y como en toda competencia, unos ganan y otros pierden, estos últimos en la práctica pasan a ser discriminados, y hasta estigmatizados como los “PERDEDORES”.
No se atiende su realidad socio económica, sus carencias económicas, familiares, éticas y afectivas. Prioritariamente se considera lo cognitivo, dejando de lado el diálogo, el aliento, la autoridad (no el autoritarismo) para el cumplimiento de las normas o acuerdos de convivencia. En buena cuenta nuestros estudiantes pierden su condición de SERES HUMANOS, para convertirse en competidores a ultranza.
Y como estudiantes competidores, requieren de docentes competidores, quienes lejos de priorizar el trabajo en equipo, tratan de sobresalir unos sobre otros. Entonces se va cerrando el círculo que sostiene este sistema, como dije que es un subsistema de modelo imperante que en nuestros tiempos es el LIBERALISMO CAPITALISTA. Y precisamente para cerrar este círculo, se necesitan los entes que garanticen que se cumpla el paradigma de la competencia a ultranza. Y ahí están para cumplir ese papel las ugeles y las direcciones regionales de educación. Y la forma más fácil de hacerlo es a través de la emisión y requerimiento de documentos. Si bien éstos tienen una base normativa, no se evalúan ni se adaptan a la realidad de cada población y menos de cada escuela.
Consecuentemente la evaluación a la que son sometidos docentes y directivos, dependen en gran medida de la mera existencia de documentos. No se toma en cuenta el trabajo en equipo, el clima institucional, el estado emocional de los estudiantes, etc., etc., De esta manera se empobrece clamorosamente la educación al convertirla por un lado en un sistema que promueve y exige la competencia a todo nivel, y por otro lado a la generación (ni siquiera a su cumplimiento) de documentos, limitándose el trabajo de los “especialistas” y “evaluadores” a constatar su existencia. Insisto, asistimos a la DESHUMANIZACIÓN DEL SISTEMA EDUCATIVO, y depende de quienes somos parte de éste de permitir su avance o de cambiar las cosas…

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