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Enero, 2020

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Santa Misa con el Señor de los Milagros
Queridos hermanos y hermanas en el Señor de los Milagros:
En esta Santa Misa, con ocasión de la fiesta litúrgica en honor
al Cristo Morado, quisiera que nos dedicáramos a meditar en el
misterio de la Cruz, y en ella a contemplar al Crucificado. Quien
venera la sagrada imagen del Señor de los Milagros, lo que venera
con fe, esperanza y amor es al Señor Crucificado. Alguien podría
preguntarnos, ¿por qué ustedes veneran la cruz en el lienzo del
Cristo de Pachacamilla? ¿Acaso la Cruz no es signo de ignominia, de
vergüenza? Y nuestra respuesta es sencilla y rotunda: Porque en ella
se ha revelado al máximo el amor de Dios por la humanidad, es
decir por todos y cada uno de nosotros. Así lo hemos escuchado en
el Evangelio de hoy: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo
único, para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan
vida eterna.” (Jn 3, 16). La cruz es el recuerdo tanto del amor del
Padre hacia nosotros como del amor de Cristo, nuestro Señor, que
dio su vida por sus amigos (Jn 15, 13).
Dios Padre ha entregado a su Hijo para salvarnos, a ti y a mí, y
este designio de salvación se ha realizado a través de la muerte del
dulce Señor Jesús en la Cruz. Esta muerte nos ha liberado a todos de
la esclavitud del pecado, la más terrible de todas las opresiones y
origen de todas las demás. Por ello San Pablo categóricamente
afirma: “Cristo ha muerto por nuestros pecados según las Escrituras”

Con el Papa Francisco podríamos preguntarnos y
respondernos: ¿Por qué ha sido necesaria la Cruz? A causa de la
gravedad del mal del pecado que nos tenía esclavos. A toda la
fuerza negativa del mal, Dios ha respondido en la Cruz con toda la
mansa omnipotencia de su amor misericordioso. Hay veces creemos
que frente al mal Dios no habla, se queda mudo, no actúa, no
interviene, pero no es así. Frente al mal, fruto del pecado, Dios no se
ha quedado callado, ha hablado con su amor crucificado. El límite
impuesto al mal ha sido en definitiva la «divina misericordia» que
en la Cruz ha llegado a su plenitud: «Cristo, sufriendo por todos
nosotros, ha conferido un nuevo sentido al sufrimiento; lo ha introducido
en una nueva dimensión, en un nuevo orden: el del amor… Es el
sufrimiento que quema y consume el mal con la llama del amor y obtiene
también del pecado un multiforme florecimiento de bien».

Sí hermanos y hermanas: “Cuando dirigimos la mirada a la Cruz
donde Jesús ha sido clavado contemplamos el signo del amor, del amor
infinito de Dios por cada uno de nosotros y la raíz de nuestra salvación. De
aquella Cruz brota la misericordia del Padre que abraza al mundo entero”.2
Por medio de la Cruz del Señor de los Milagros, satanás ha
sido vencido, la muerte ha sido derrotada, se nos ha dado la vida y
con ello nos ha sido devuelta la esperanza. Por eso llenos de
confianza, esta mañana frente a la sagrada imagen del Señor

podemos exclamar llenos alegría: ¡Señor de los Milagros, tu Cruz es
nuestra única y verdadera esperanza!
Los invito ahora a todos a fijar nuestra mirada en la imagen
del Señor, a considerar cada una de sus cinco llagas para que
observándolas se suscite en nuestros corazones sincero dolor por
nuestros pecados y firme propósito de nunca más ofender al Señor y
de hacernos daño pecando. Alguno podrá decir: “Pero soy tan
pecador. Mi pecado es tan grande. Imposible que el Señor de los
Milagros me perdone”.
Querido hermano y hermana: Si así piensas te equivocas y por
ello te propongo esta oración: “Grande es mi pecado Señor, mi maldad
es horrible. Mas, ¡ay Señor!, tu misericordia es mayor; y así en ella espero,
en ella confío como tu siervo David, como la pobre Magdalena, como el
humilde publicano, como tu apóstol San Pedro. En Ti esta toda mi
esperanza, en tu misericordia toda mi confianza”.

No importa la lejos que puedas haberte ido o lo profundo y
bajo en lo que puedas haber caído. Siempre hay esperanza de volver
como el Hijo Pródigo (ver Lc 15, 11-32) o de levantarte como la
Mujer Pecadora (ver Lc 7, 36-50), porque el amor misericordioso de
Dios manifestado en la Cruz de su Hijo es más grande que el peor
de nuestros delitos y crímenes. Si has caído por debilidad en el
pecado, levanta la mano. El Señor la toma y te ayudará a levantarte.
Esta es la dignidad del perdón de Dios, el único que puede

perdonar, el único que puede suprimir de raíz el pecado, porque
Dios es mayor que nuestro pecado.

El perdón de Señor de los Milagros es aquello de lo cual todos
tenemos necesidad, y es el signo más grande de su misericordia. Por
ello no dejemos de buscar este perdón, ésta misericordia, en el
sacramento de la confesión y ganar la indulgencia plenaria pasando
por la puerta de la misericordia. Los milagros más importantes de
octubre se dan en los confesionarios donde Jesús, en la persona de
su sacerdote, te absuelve, te perdona, te libera, te reconcilia, te
levanta, y te da la posibilidad de una vida nueva, de un renacer, de
un nuevo comenzar. Cada persona que se confiesa puede realmente
decir: “Sí, hoy he renacido, hoy empiezo de nuevo, y con la ayuda
del Espíritu Santo es posible que yo el pecador de ayer llegue a ser el
santo de hoy”.
Junto con las llagas y las heridas de la cabeza, de las manos, y
de los pies producidas por la corona de espina y los clavos, está el
costado traspasado del Señor que dejó al descubierto su Sagrado
Corazón. La imagen del Señor de los Milagros nos muestra esa
herida con toda la fuerza dramática de la pintura hecha arte. San
Juan quien estuvo al pie de la Cruz, acompañando a Santa María,
nos dirá que: “Uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza, y
enseguida salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su
testimonio es verdadero; y él sabe que dice la verdad, para que vosotros
también creáis” (Jn 19, 34-35). Siempre he pensado que Jesús quiso
que viéramos su Corazón para que no nos quedara la más mínima duda que nos había amado hasta el extremo (ver Jn 13, 1). El pasado
viernes 21 de octubre, en pleno mes morado, el Presidente del Perú,
Doctor Pedro Pablo Kuczynski, al participar en el Desayuno
Nacional de Oración, consagró el Perú, a su familia y a él mismo, al
Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María. Casi
ningún medio de comunicación se ha hecho eco de este
trascendental acto que busca poner a nuestra Patria bajo la
protección y cuidado de los dos Corazones que más nos aman y que
más han sufrido por nosotros: El de Jesús y el de María. Por ello al
finalizar esta homilía y frente al Señor de los Milagros,
contemplando su costado atravesado y su Sagrado Corazón
expuesto quiero repetir este acto de consagración para bien del Perú,
y sobre todo de Piura y Tumbes:
ACTO DE CONSAGRACIÓN
AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
“Yo, Pedro Pablo Kuczynski, Presidente de la República del
Perú, con la autoridad que se me ha otorgado, hago un acto de
consagración de mi persona, mi familia, aquí presente mi esposa, y
la República del Perú al amor y protección de Dios Todopoderoso a
través de la intercesión del Sagrado Corazón de Jesús y del
Inmaculado Corazón de María.
Pongo en sus manos amorosas mi gobierno con todos sus
trabajadores y ciudadanos que están bajo mi responsabilidad.
Ofrezco a Dios Todopoderoso mis pensamientos y decisiones como
Presidente para que los utilice para el bien de nuestro país y siempre
estar consciente de los Diez Mandamientos al gobernarlo. Le pido a
Dios que, a través de la intercesión del Sagrado Corazón de Jesús y
del Inmaculado Corazón de María, escuche y acepte mi acto de
consagración y cubra a nuestro país con su especial protección.
Al hacer esta plegaria le pido a Dios perdón por todas las
transgresiones que haya cometido en el pasado, todas las que se
hayan hecho en el pasado de la República y por todas aquellas
decisiones que se hayan tomado estando en contra de sus
mandamientos y le pido su ayuda para cambiar todo lo que nos
separa de Él. Yo, Pedro Pablo Kuczynski, como Presidente de la
República del Perú, declaro este juramento solemne ante Dios y los
ciudadanos de nuestro país hoy 21 de octubre de 2016”.
Que María Santísima interceda para que este Acto de
Consagración sea fuente de muchas bendiciones para el Perú para
que así los frutos de amor y de salvación que brotaron de la Cruz de
Jesús lleguen a todos los peruanos y a todos los rincones de nuestra
Patria.
Que así sea. Amén.
San Miguel de Piura, 28 de octubre de 2016
Santa Misa y Segunda Gran Procesión
del Señor de los Milagros
JOSÉ ANTONIO EGUREN ANSELMI, S.C.V
Arzobispo Metropolitano de Piura

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