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junio, 2019

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A los veinte años de su partida (*)
En su celebrado film “Rescatando al soldado Ryan”, de Steven Spielberg, vemos a un anciano James Francis Ryan, ante la tumba de su capitán John H. Miller, preguntarle a su esposa si había vivido dignamente. Y es que la historia narra la búsqueda y salvación de Ryan por la compañía Charlie liderada por el capitán Miller (interpretado por Tom Hanks). Éste, antes de morir por las balas alemanas, le dice las célebres palabras: “sea digno de este sacrificio, merézcalo”. Quizá éste sea el momento de preguntarle al maestro José Bernal García, sí hemos sido dignos de sus enseñanzas y de su ejemplo. Y es que nos dejó la valla bastante alta. Sin embargo, si bien será muy difícil igualarlo, el acercarnos a esta valla será el desafío, y la más hermosa forma de expresarle nuestra gratitud y nuestro cariño a quien forjó en nosotros de manera tan apasionada la vocación por la docencia.
Hace veinte años que el “profe Bernal” nos dejó físicamente. Ese es más o menos el tiempo que, quienes fuimos sus discípulos, trabajamos en las aulas, tratando de formar a los niños y jóvenes de nuestra región. Tempranamente se nos fue (todos los hombres buenos mueren antes de tiempo), No obstante, su fresco entusiasmo y ese don para comprender a los jóvenes, nos acompañó en casi toda nuestra carrera, en la facultad de Ciencias Sociales y Educación de la UNP. Porque, como todo gran maestro, hizo de la facultad (del Centro de Tecnología Educativa de ese entonces), su segunda casa. Y también esos ambientes se convirtieron para algunos en nuestra casa, y sobre todo convirtieron al profesor Bernal en nuestro segundo padre. Muchos bellos recuerdos germinaron ahí.
Como no recordar esas largas pláticas con en maestro, cuando uno siempre terminaba convencido de que para todo problema, siempre existe solución. Así lo recordamos al “profe Bernal”. Siempre sonriente, con el cigarro en la boca y con ese don de escuchar y entender a las personas que hicieron de él un ser entrañable y querido por quienes tuvimos la suerte de ser sus alumnos. Y vaya que suerte la de algunos de nosotros, de tenerlo por varios ciclos académicos. Él supo combinar en proporciones exactas al docente y al amigo. Quizá fue porque el cariño siempre estuvo aparejado con el respeto. O para decirlo de otra forma, llegamos a respetarlo de lo mucho que lo queríamos. Y por supuesto, él a nosotros.
Insisto. Esa su empatía, para escucharnos, entendernos, y finalmente motivarnos a seguir adelante es posiblemente la más fecunda estrategia para motivar, y para formar a un estudiante lleno de problemas como los de nuestra realidad. En efecto, cuántas veces, en nuestra labor diaria, nos encontramos con muchachos que demuestran una inteligencia milagrosamente blindada contra las adversidades y contra las angustias familiares y económicas. Es en esas ocasiones donde podemos convertirnos en el mejor apoyo y en la mejor compañía de esos niños y jóvenes, acaso arrancados a un destino fatalista.
En medio de una realidad sumamente compleja. Donde el docente no es valorado en toda su contribución social, el éxito educativo depende sobremanera de la empatía humanista del docente y de su lucidez intelectual. Esto significa conocer a cada uno de los estudiantes y tener amplitud para comprenderlos y ayudarles a construir su proyecto de vida. Precisamente, la fórmula para lograrla nos la enseñó el maestro Bernal García. Se trata de lograr que los estudiantes te sientan su amigo, sin dejar de respetarte. ¿Difícil? Mucho, pero la recompensa lo merece: hacer del trabajo una feliz experiencia, y observar como esos jóvenes crecen como personas sin dejar de ser felices.
Todo lo anterior es una vivencia personal. No está en los libros ni en los programas curriculares. Se va descubriendo en la interrelación diaria con los muchachos. Cuando, al contarte, por ejemplo, que les fue en su trabajo, sientes admiración por su fuerza y su responsabilidad. Cuando aprendes a reír de sus ocurrencias, convirtiéndose en la mejor terapia para tu estrés. Todo esto, que ahora sólo son palabras, el profesor Bernal lo practicó cada día que estuvo con nosotros. Porque nadie da lo que no tiene. No se puede predicar aquello que no se vive. Y él nos inculcó siempre el indesmayable afán por superarnos, y de practicar, antes que predicar los principales valores. Vaya tarea a cumplir. Entonces, cuando comencemos a emularlo en su labor, y sobre todo en su vida, la docencia se convertirá en la más noble y fecunda actividad. En ese momento, quizá, podremos comenzar a sentir que sí fuimos dignos de la enorme fortuna de haber sido discípulos del maestro Bernal.
‪#‎Billy‬ Crisanto Seminario
‪#‎Piura‬ – Perú
(*) El profesor Bernal fue docente principal, y Jefe del Departamento Académico, en la Facultad de Ciencias Sociales y Educación de la Universidad Nacional de Piura

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